miércoles, 8 de agosto de 2012
Puedo ser tuya, puedo ser tu reina
Puedo ponerme cursi y decir que tus labios me saben igual que los labios que beso en mis sueños.
Puedo ponerme triste y decir que me basta con ser tu enemiga, tu todo, tu esclava, tu fiebre, tu dueña.
Y si quieres también, puedo ser tu estación y tu tren, tu mal y tu bien, tu pan y tu vino, tu pecado, tu Dios, tu asesino o tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.
Puedo ponerme humilde y decir que no soy la mejor, que me falta valor para atarte a mi cama.
Puedo ponerme digna y decir "toma mi dirección, cuando te hartes de amores baratos de un rato me llamas".
Y si quieres también puedo ser tu trapecio y tu red, tu adiós y tu ven, tu manta y tu frío, tu resaca, tu lunes, tu hastío o tal vez ese viento que te arranca del aburrimiento y te deja abrazada a una duda en mitad de la calle y desnudo.
Y si quieres también puedo ser tu abogada y tu juez, tu miedo y tu fe, tu noche y tu día, tu rencor, tu "por qué", tu agonía o tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.
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